Procedimiento
1Batir los huevos, agregar de a poco la harina alternando con la leche, poniendo siempre primero la harina y después la leche para que no se formen grumos.
2Agregar la sal y la manteca.
3Dejar descansar la preparación 20 minutos.
4Cocinarlos en una sartencita que no se peguen las preparaciones, pincelando con manteca entre uno y otro.
5Servir con dulce de leche
Después de leer la receta y pensar en como podría escribir una historia, hice un texto borrador, lo corregí y quedo así hecho cuento:
Un buen día estaba yo, la harina, en mi casa muy tranquila descansando y disfrutando de mi blancura y mi pureza, hasta que llegaron mis amigos, 2 hermanos que vivían acá a la vuelta, los Huevos. Ellos se metieron en mi casa sin permiso y bruscamente ya que pretendían hacerme un chiste. Lo que no sabían era que el chiste se iba a convertir en una pesadilla. Tan rápido entraron que irrumpieron mi tranquilidad, pero lo peor fue que se quebraron al pasar por el umbral de la puerta. Me asuste y enseguida llame a la leche, que vive en el departamento de al lado, para que me ayude a contenerlos, pero ella se aproximo tan lentamente, que todos nos mezclamos. La cosa se puso peor cuando la tierra empezó a moverse. Nadie sabia que semejante sismo se produciría ese día. Estábamos todos asustados y con el movimiento nos íbamos transformando en uno solo. Del piso de arriba escucharon nuestros gritos entonces bajaron las vecinas, la sal y la manteca, dos señoras muy blancas y aburridas. Ese día se acercaron para ayudar pero con el movimiento del piso terminaron cayendo encima nuestro y también se empezaron a desarmar. Fue todo tan terrible que ya no podíamos distinguir donde empezaba uno y donde terminaba el otro. Estuvimos casi 20 minutos sin el horrible movimiento pero luego comenzamos a sentir mucho calor y ahí fue que la cosa se complico más. Nos empezamos a pegotear uno a otro y lo peor es que escuchábamos nuestras voces pero no nos distinguíamos.
Oíamos a la sal, que gritaba desesperada porque no sentía sus granos, la manteca hablaba con tono distorsionado preguntando ¿qué me pasa?, los huevos se quejaban porque decían que les dolía todo, a la leche ya no la oíamos y yo trataba de calmarlos. Ahora nos habíamos convertido en algo nuevo. Ya nada seria igual que antes. El sismo había marcado un antes y un después en nuestras vidas.
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