Trabajo Práctico Nº 5 - Literatura

Roberto
“El Negro” Fontanarrosa nació en Rosario, provincia de Santa Fe,
Argentina, en 1944. Su carrera comenzó
como dibujante humorístico, destacándose rápidamente por su calidad y por la
rapidez y seguridad con que ejecuta sus dibujos. Estas cualidades hicieron que
su producción gráfica sea copiosa; a las recopilaciones de chistes sueltos ¿Quién
es Fontanarrosa?, Fontanarrisa, Fontanarrosa y los médicos, Fontanarrosa y la
política, Fontanarrosa y la pareja, El sexo de Fontanarrosa, El segundo sexo de
Fontanarrosa, Fontanarrosa contra la cultura, El fútbol es sagrado,
Fontanarrosa de Penal, Fontanarrosa es Mundial y Fontanarrosa continuará se le
suman las de historietas Los clásicos según Fontanarrosa, Semblanzas
deportivas, Sperman y las andanzas de sus personajes más famosos: Inodoro
Pereyra, una parodia del gaucho tradicional, y Boogie, el aceitoso, de los que
ya existen veinte y doce volúmenes, respectivamente. En medio de esta avalancha
gráfica, publicó allá hace tiempo un libro de cuentos, Los trenes matan a los
autos que fue tratado con cierta condescendencia por la crítica como el intento
de un dibujante jugando a ser escritor. Años mas tarde insistió con la novela
Best Seller, una aventura del mercenario sirio homónimo. Esta vez su próximo
libro escrito no tardó en aparecer (El mundo ha vivido equivocado, cuentos), y
desde entonces lo han venido haciendo regularmente. Hasta el momento, además de
los citados, lleva publicadas las novelas El área 18, La Gansada y los libros
de cuentos No sé si he sido claro, Nada del otro mundo, El mayor de mis
defectos, Uno nunca sabe, La mesa de los Galanes, Una lección de vida, Puro
fútbol, Te digo más y otros cuentos, entre otros. Sus textos relatan
situaciones cotidianas entre gente “de barrio” (la amistad, el amor, la pasión
por el fútbol, son algunos de sus temas preferidos) construidas desde “humor” y
la “parodia”. En sus ratos libres se lo puede encontrar tomando un cafecito en
el bar "El Cairo", en su Rosario natal, escenario de muchos de sus
mejores cuentos.
"De mí se dirá
posiblemente que soy un escritor cómico, a lo sumo. Y será cierto. No me interesa
demasiado la definición que se haga de mí. No aspiro al Nobel de Literatura. Yo
me doy por muy bien pagado cuando alguien se me acerca y me dice: me cagué de
risa con tu libro" . Roberto
Fontanarrosa
LEER
LOS SIGUENTES TEXTOS Y RESPONDER:
1. ¿Cuáles son las características de cada uno de los textos que vas a leer?¿Son ficción o no?¿Por qué?
2. ¿Cómo caracterizarías a
Roberto Fontanarrosa?
3. Explicá cuál es su
postura con respecto a las “malas palabras” y decí cual es la de Fontanarrosa.
Fontanarrosa en el Congreso de la "Lengua"
El escritor y humorista argentino destacó además las “condiciones
terapéuticas” de estos términos y pidió que los “cuidemos porque los vamos a
necesitar”.
--------------------------------------------------------------------------------
El escritor y humorista gráfico Roberto Fontanarrosa dio hoy el toque de
color al III Congreso Internacional de la Lengua Española, al reclamar “una
amnistía” para "las malas palabras" y pedir que "cuidemos de
ellas, integrémoslas al lenguaje, porque las vamos a necesitar".
"Atendamos las condiciones terapéuticas de las malas palabras, que
sirven para descargarse. Pido una amnistía para ellas, vivamos una Navidad sin
malas palabras, y cuidemos de ellas, porque las vamos a necesitar",
concluyó.
"Este es un ámbito más que apropiado para plantearse porqué son
malas palabras. ¿Le pegan a las otras palabras? ¿Son de mala calidad y cuando
uno las pronuncia se deterioran? ¿Quién las define como malas palabras?",
se preguntó el rosarino durante la mesa redonda sobre "Español
internacional e internacionalización del español", que se celebró en el
Teatro El Círculo.
"Tal vez –afirmó el escritor- sean como esos villanos que al
principio eran buenos pero la sociedad los hizo malos. Tal vez, al marginarlas
las convertimos en malas. En alguna época se les decía palabrotas, lo cual no
deja de ser un reconocimiento. Las malas palabras reflejan una expresividad y
una fuerza que difícilmente las haga intrascendentes”.
"No es que haga defensa incondicional y quijotesca de las malas
palabras. Algunas me gustan. Mi vieja no decía muchas malas palabras. Mi viejo
en cambio era lo que se llamaba un mal hablado.
También se le llamaba 'bocasucia'. Ironizando, recordó que durante su
niñez "en ningún momento se impuso eso de 'eso no se dice, eso no se hace,
eso no se toca'".
Subrayó que "a veces criticamos a los jóvenes porque usan un
vocabulario bastante estrecho, me preocuparía que no tuvieran capacidad de
expresión y de grafismo al hablar: 'acá le salió un coso' algo que lleva a uno
a decir 'qué cosa, cómo se expresan los chicos".
Para justificar su cuidada improvisación, Fontanarrosa bromeó: “He
escrito algo, pero no me alcanzó para que la memoria me dictara que tenía que
traer los lentes". Y expresó: "No sé quién define lo que es vulgar y
lo que no es vulgar. Pienso que las malas palabras brindan otros matices. Hay
palabras de las denominadas malas palabras que son irreemplazables, por
sonoridad, por fuerza y por contextura física. No es lo mismo decir que una
persona ‘es tonta o sonsa’ que ‘es un pelotudo’”.
Sobre esta palabra, el humorista y escritor se explayó: “El secreto de
la palabra pelotudo podría referirse a un utilero de fútbol. El secreto y la
fuerza está en la letra ‘t’". Celebrado por las risas aprobadoras del
público, dijo que "hay una palabra maravillosa que en otros países está
exenta de culpa que es 'carajo'. Tengo entendido que era el lugar donde se
colocaba el vigía en lo alto de los mástiles. Amigos mexicanos con los cuales
estuve cenando anoche me explicaban que las islas Carajo están en el Océano
Indico”. Acá se llega al eufemismo de decir 'caracho'".
Fontanarrosa advirtió por otra parte "la triste función de los
puntos suspensivos" para reemplazar términos soeces. "Merecería otra
discusión en el Congreso de la Lengua.
Hay otra palabra irremplazable que es 'mierda', y el secreto de su
contextura física está en la erre. Los cubanos dicen 'mielda'. Ese es otro de
los grandes problemas que ha tenido la revolución cubana, que es la
imposibilidad de manifestar fuerza expresiva".
"Atendamos estas condiciones terapéuticas de las malas palabras,
que sirven para descargarse. Pido una amnistía para ellas, vivamos una Navidad
sin malas palabras, y cuidemos de ellas, porque las vamos a necesitar",
concluyó.
(Nota
extraída del diario Clarín - internet, 19 de noviembre de 2004)
La
palabra "Mierda” de Roberto Fontanarrosa
El uso
de la palabra MIERDA es una cuestión de educación, ya que nadie puede negar que
la usamos para múltiples circunstancias relacionadas con muchísimas cosas, por
ejemplo:
*
Ubicación geográfica: "Andate a la mierda"
* Adjetivo
calificativo: "Sos una mierda"
*
Momento de escepticismo: "No te creo ni mierda"
* Deseo
de venganza: "Lo voy a hacer mierda"
*
Accidente: "Se hizo mierda"
* Efecto
visual: "No se ve una mierda"
*
Sensación olfativa: "Huele a mierda"
* Deseo
de despedirnos: "Váyanse a la mierda"
*
Especulación de conocimiento: "¿Qué mierda es eso?"
*
Momento de sorpresa: "¡A la mierda!"
*
Actitud de resentimiento: "No me regaló una mierda"
*
Sensación gustativa: "Esto tiene gusto a mierda"
* Acto
de impotencia: "No anda esta mierda"
* Deseo
de ánimo: "Apurate con esa mierda"
*
Situación de desorden: "Todo está hecho una mierda"
*
Rechazo despectivo: "Qué se cree la mierda esa"
*
Situación alquimista: "Todo lo que toca se vuelve mierda"
¿Cómo
nos arreglaríamos sin esta palabra?