jueves, 28 de mayo de 2020

EES N°35 - 1ro 4ta - TP Nº 5

Trabajo práctico Nº 5

Prácticas del lenguaje

 

La carta


Cuando pensamos en decir algo por escrito, rara vez se nos ocurre escribir una carta. Mandamos un mensaje de texto, lo colgamos en el muro del “face”, o a lo sumo, lo mandamos por mail. Sin embargo, hay algunos momentos en los que es indispensable que se escriba en papel, por ejemplo, muchas comunicaciones de marco legal como las cartas documento, ciertas solicitudes formales, adentro de la escuela (por ejemplo al director), las cartas de presentación para un trabajo, etc. mantienen el formato que tenían cuando se escribían en papel, como las cartas de lectores que se envían al diario, las invitaciones a eventos formales o los reclamos de servicios. Vamos a ver, algunas cosas que una carta debe respetar, tales como responder a un formato determinado:  



ACTIVIDAD 1: Pensá en algún compañero o compañera del curso y escribile una carta teniendo en cuenta que hace mucho que no se ven por la cuarentena que se vive en el país a raíz de la pandemia. No te olvides de respetar la estructura de la carta.

 ACTIVIDAD 2: Lee el siguiente cuento del autor Luciano Sívori.

 

IMPLACABLEMENTE SUYO

Estimado Dr. Álvarez:

Su prolongado silencio ha disparado un estado de alarma en mí, un perspicaz sentido de la realidad que me rodea y –si se me permite agregar– la íntima certeza de que mi situación lo ha apartado al fin. Soy un hombre enfermo, usted lo sabe mejor que nadie. El cerebro me juega malas pasadas, las ideas se enredan, se tropiezan unas con otras. Hoy me miré al espejo y mi reflejo me guiñó un ojo. Escucho golpes secos, ásperos, que llegan desde una de las habitaciones. Pum. Pum. PUM. Algunas noches, los gritos no me dejan conciliar el sueño.

Estoy perdiendo la cabeza, doctor. Es preciso que regrese de su viaje, o de donde quiera que esté. Necesito volver a convertirme en su sujeto, que conversemos… Por favor, no me deje solo y desamparado. Necesito que me cure.

Implacablemente suyo,

Benicio Martínez.

 

Querido Dr. Álvarez:

Han pasado tres interminables días desde que le hice llegar mi primera carta. Aún no he recibido señales de su parte. ¿Qué clase de psicólogo abandona a su paciente de esa manera? ¡Qué falta de profesionalismo! Y pensar que lo elegí a usted entre muchos, por sus referencias intachables, su amplia experiencia con personas como yo. Usted me convenció, me juró que me iba a ayudar. “Únicamente se necesita un minúsculo rayo de luz para apaciguar a la oscuridad”, me dijo.

¿Y? ¿Dónde está? ¿De vacaciones con aquella colega suya? Sé que andan juntos, los he visto. ¿Qué clase de persona cambia su trabajo, sus responsabilidades, por un efímero encuentro sexual? ¡Usted es un sinvergüenza, eso es lo que es! Mientras tanto, yo vagabundeo entre paredes que no me atrevo a cruzar. Las voces no se detienen, los gritos… esos golpeteos doctor. PUM, PUM, PUM. Esos golpeteos…

No se olvide de mí, lo necesito.

Impacientemente suyo, y como siempre,

Benny Martínez.

 

Dr. Álvarez:

He llegado a la conclusión de que su silencio equivale al abandono. Al leer los detalles mencionados en mis epístolas anteriores, ha de entender que mi condición viene en desmedro. Déjeme mencionar otro punto que quizá ya sea obvio: estoy perdiendo la paciencia. Le recomiendo que tome un lápiz entre sus manos de inmediato, antes de que esta amistosa charla de amigos se arruine en serio.

Ben M.

 

Estimado Dr. Álvarez:

¡He sido un estúpido! ¿Y si siempre quiso comunicarse conmigo pero no encontró la forma de hacerlo? Con esta nota le adjunto un lápiz y una hoja en blanco. Espero su pronta respuesta.

Atentamente,

B.M.

 

Benicio Martínez:

Desgraciado hijo de puta.

Espero que se pudra en el infierno. No voy a excitar su pervertida imaginación dándole el gusto de seguirle el juego. Pero como experto en el área de las patologías, aprovecharé los últimos instantes de mi vida para especificarle su estado psicológico y brindarle un consejo para la resolución de su desdicha Implacable.

Usted tiene una condición médica que desde el principio se ha gestado en lo profundo de su alma: está loco. Está completamente LOCO, y desquiciado, y esquizofrénico. Es un peligro para la sociedad y merece ser enviado directamente al paredón.

He gritado, encerrado entre las cuatro paredes de su hogar, balbuceando palabras imposibles debido a la venda que me limita el hablar. He dado cabezazos a la puerta innumerable cantidad de veces. He rezado. ¡No sabe cómo he rezado! Finalmente me convencí de la verdad: aquí voy a morir. He hecho las paces con ello…

Al terminar esta breve nota, el lápiz afilado que me ha brindado con tanta amabilidad atravesará mi garganta. La sangre, desparramada por todo el cuarto, correrá por su cuenta.

En cuanto a usted: lo mejor que puede hacer es volarse los sesos, maldito infeliz.

Por siempre suyo,

Dr. Diego Álvarez.

 

Honorable Dra. Suárez:

Me he enterado del infortunio de su compañero en profesión. Debo decir que lamenté mucho el nefasto incidente. Ciertamente, un analista puede llegar a situaciones aberrantes sin que su paciente se percate. Mi más sentido pésame; sé que ambos eran cercanos.

A riesgo de sonar fuera de lugar, es mi deber notificarla que mi tratamiento con el Dr. Álvarez ha quedado inconcluso, y que él ha aconsejado que –de sucederle cualquier cosa– usted estaría en capacidad de continuar con mi terapia. Nada me haría más dichoso en el mundo. Ya he arreglado con su secretaria para tomar un turno, así que asumo que nos veremos muy pronto.

Implacablemente suyo,

Benicio Martínez.

a-      Ahora escribí la carta que la señora Suárez podría enviarle a Benicio Martinez.


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